jueves, 2 de enero de 2014

Golpeando con la sartén




            Hoy he estado en un centro comercial. He ido a mirar ropa y al final he comprado una sartén. Con la sartén en la bolsa he seguido mirando tiendas,  me he acercado a una zapatería y al querer entrar, porque había visto unos zapatos que me gustaban, sin darme cuenta he pegado un golpetazo con la sartén en el cristal. No sé porque no se ha roto (quizá sea blindado). Se han acercado las dependientas (que me miraban con mala uva) y gente que estaba por allí cerca. Algunos me decían:

-          Vaya susto nos has dado.

            Ya, para susto el que me he llevado yo. ¿Así quién entra ya en la tienda? Como siempre,  a pedir perdón y para otro lado.

Otra vez, en un estanco del centro de Valladolid, también tuve tres pequeñas torpezas. Llevaba yo unas botas de las de montaña, bastante aparatosas. Con ellas no controlaba bien las distancias. La puerta del estanco tenía un cristal y una chapa en la parte de abajo. Fui a abrir la puerta y pegué una patada en la chapa (con lo que suena). La dependienta  ya me miró raro, pero cuando me acerqué al mostrador, (también de chapa), y di otra patada, yo ya no sabía si pedir o salir corriendo. Cuando ya por fin me iba, al abrir la puerta para salir, no la sujeté bien y dio el golpe con la pared. Ya ni miré para pedir perdón, pero noté el silencio. No he vuelto a entrar en ese estanco.